lunes, 10 de marzo de 2014

A vueltas con los exoplanetas....Kepler ha hecho de las suyas, 750 planetas descubiertos.

Hola a todos/as.

El tema de hoy es cuanto menos llamativo e interesante por lo que puede suponer.

Y es que la búsqueda de otros planetas que se parezcan a la Tierra y que despierten la esperanza de saber si hay vida en otras galaxias es incansable y hoy marca un nuevo hito en la carrera por conocer el universo.

Este nuevo destello de luz surgió gracias al anuncio de la NASA sobre el gran descubrimiento de 715 nuevos planetas en 315 sistemas solares por parte del telescopio espacial Kepler. Entre ellos, hay cuatro planetas orbitando en zonas habitables en los que el agua líquida podría existir y donde, incluso, podría haber vida. Uno de ellos es Kepler-269f, cuyo tamaño es dos veces la Tierra. El mismo orbita una estrella con la mitad del tamaño del Sol y es un cinco por ciento más brillante que aquél. De todas maneras, la NASA advierte que podría tratarse de un mini-Neptuno con una atmósfera de hidrógeno y helio. 

Para lograr estos increíbles hallazgos, los especialistas utilizaron una nueva técnica de estadística llamada ‘multiplicidad’ que –según comenta la agencia espacial- removió el ‘cuello de botella’ que interfería con el análisis de datos que este telescopio transmitía. 

El cambio en la técnica para leer los datos del telescopio se produjo debido a que el método anterior representaba un trabajo lento y laborioso en el que los científicos debían deducir si los objetos orbitando las estrellas eran planetas o no. 

Lo que hacía el telescopio era detectar posibles planetas que orbitaran alrededor de las estrellas, lo cual logró con éxito, identificando más de 150 mil estrellas y los posibles candidatos a planetas en su cercanía, a partir de lo cual los especialistas confirmaron la presecia de cientos de ellos.

Sin embargo, esta técnica produjo muchos falsos positivos en la búsqueda, por lo que los científicos debieron buscar una nueva manera de delimitar cuáles de los objetos orbitando una estrella particular eran planetas y cuáles eran estrellas. La respuesta a ello fue la utilización de la ‘multiplicidad’.

Dicha técnica ayudó a los científicos a acercarse a conclusiones acerca de los sistemas exoplanetarios que son útiles a la investigación y más certeras. De esta manera, si los especialistas notan que los planetas están distribuidos de manera aleatoria en los sistemas solares, éstos no deberían verse en demasía. En cambio, ahora es posible ver miles de posibles planetas y a menudo más de uno está orbitando una estrella en particular.

Además, muchos sistemas solares son parecidos a nuestro Sistema Solar, sus órbitas están en un sólo plano, en vez de estar en una intersección de órbitas como la imagen popular de un átomo.

Esto quiere decir que son sistemas estables, lo cual deja espacio a que surja una nueva interpretación: los sistemas solares compuestos por más de una estrella son inestables y es poco probable que tengan muchos planetas mezclados con estrellas orbitantes, por lo que se produce una confirmación más rápida acerca de cuáles de los candidatos son –efectivamente- planetas. La deducción es que si hay más de un objeto orbitando una estrella -y al menos uno de ellos es un planeta-, las probabilidades apuntan a que todos los objetos lo sean. 

Esta técnica fue verificada por un equipo de la NASA liderado por el científico planetario Jack Lissauer y el Centro de Investigaciones Ames en California, a través del análisis de los datos que el Kepler tomó entre mayo de 2009 y marzo de 2011, cuyos resultados mostraron que no sólo había 715 nuevos planetas, sino que el 94 por ciento de ellos son más pequeños que Neptuno, lo cual es un gran avance en la búsqueda de planetas gigantes.

Una misión cuyo futuro parecía una nebulosa

El descubrimiento de estos 715 nuevos planetas llegó para confirmar el exitoso cambio de estrategia que tuvo que realizar la NASA luego de que la misión peligrara en 2013, tras el rompimiento de dos de las ruedas de reacción de Kepler, lo cual quitaba la precisión que necesitaba para localizar planetas más allá del Sistema Solar. 

Este problema puso en peligro la misión y parecía que sería su final hasta que la NASA, en conjunto con los ingenieros de Ball Aerospace, descubrió que la presión de la luz del sol sobre Kepler (la cual provocaba su inestabilidad) podría utilizarse a su favor y salvarlo.

La idea consistía en una segunda misión denominada K2, que se encargaría de colocar la nave en un ángulo en particular, de manera que mientras la luz del sol presionaba sobre ésta en una dirección, las otras dos ruedas de reacción serían presionadas por la luz en la dirección opuesta. Así, las fuerzas podrían estabilizar a Kepler para continuar con su tarea.

Luego de dos meses de pruebas, esta misión se volvió una realidad y, si bien el balance de Kepler no se asemeja a la precisión que tenía al comenzar su misión, ha demostrado continuar funcionando de manera correcta.

¿Qué crees sobre estos descubrimientos?



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